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miércoles, 25 de junio de 2014

La carroza o baldaquín de plata del Cusco





Texto del Libro: "Datos Históricos, Leyendas y Tradiciones del Cuzco" de Genara Elorrieta Vda. De Aranzabal año de 1955.

En 1727, el madrileño Fray Bernardo Cerrada tomó posesión del palio como décimo sexto obispo del Cusco, diócesis que gobernó durante seis años y 17 días, falleciendo en 1733, no sin antes dejar una serie de obras  que contribuyeron, especialmente, a la magnificencia de la Catedral.

Mandó ampliar el tabernáculo de plata del altar mayor de la Catedral, hizo pavimentar con lozas de cantería el piso de esta iglesia, mandó dorar el retablo principal del Seminario San Antonio Abad y obsequió para el servicio de la Catedral “un cáliz de oro de libra y media de peso y otro de plata con sobrepuesto de oro”, además de donar a su muerte alhajas y ornamentos preciosos de gran valor.

Pero su obra cumbre e imperecedera es la carroza de plata, sobre la cual, dice la autora de la obra en mención, “muy secretamente contrató con un platero la construcción de un artístico carro de madera forrado con planchas de plata, para sacar en el Santísimo Sacramento en la procesión del Corpus Christi, que importó la suma de ocho mil cuarenta y tres pesos”.

“La cuenta de la construcción del carro dice: se adquirieron 732 marcos de plata, a 7 pesos el marco, que hacen 5,124 pesos. La hechura del carro costó 2,300 pesos, otros 400 pesos se pagaron al carpintero y al cerrajero y 219 se invirtieron en el cajón para guardarlo. Total: 8,043 pesos”.

En el Corpus de 1731 se estrenó el carro que “causó admiración... Refulgía con los rayos del sol que era una maravilla”. Con los años el carro sufrió notable desmedro, las ruedas, en las que iba montado y que estaban forradas con planchas de plata, desaparecieron y ante la posibilidad de movilizarlo solamente lo sacaban a la puerta de la Catedral para exhibirlo. En la década de los años 70 del siglo pasado, alguien tuvo la idea de montarlo sobre un carro del Ejército y la carroza pudo dar la vuelta a la Plaza de Armas, hecho que se repite todos los años en el Corpus cusqueño.

Texto publicado por La República.

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